domingo, 22 de mayo de 2011

Lo que faltaba para ser novios.



Estaba listo para tomar el avión, tenía muchos nervios pero a la vez estaba emocionado por comenzar el viaje... Mi vuelo ha sido anunciado y tengo que abordar… ¿Cómo serán estos días? No podía imaginarlo, pero sin más me aventuré a hacer la locura más grande de mi vida por una mujer. Iría a visitarla hasta Buenos Aires, donde la habían mandado de trabajo. Había tantos planes… Decidí ya no pensar más de eso en el avión y me dispuse a terminar  de leer “Ensayo sobre la ceguera” e imaginé cómo sería estar ciego… vi una de  las películas que había, escuché la música de mi ipod y cuando ya no pude más, caí dormido y rendido ante el cansancio de un vuelo de once horas, desperté y miré el reloj, 3 horas faltaban aún y yo no aguantaba la emoción, sólo me dediqué a ver los hermosos paisajes que me brindaba el vuelo. Al fin… se nos ha indicado que nos abrochemos el cinturón y que estamos próximos a aterrizar. Ya no había vuelta para atrás, había llegado al aeropuerto de Ezeiza y ella me estaría esperando y así fue. Cuando por fin nos vimos, ella corrió a darme un gran, gran abrazo. Camino al departamento, los dos no creíamos que estuviéramos juntos en un país tan lejano y con tan poco tiempo de conocernos, pero algo me decía que toda experiencia iba a ser buena. Esa tarde fuimos a comer a un restaurante Italiano que estaba a dos cuadras del departamento, pasta y un refresco de Pomelo fue nuestro menú. Después de la cena caminamos por la gran Avenida  9 de Julio, me pareció simplemente hermosa, una avenida llena de vida, de luces, de historia… pero ya no aguantaba más el cansancio y regresamos al cuarto puesto que al día siguiente una gran aventura nos esperaba.
Ella me había dicho que no me preocupara por nada, que todo estaba ya organizado para que yo pudiese conocer la ciudad. Pero en la mañana sólo escuché cuando ella comenzó a arreglarse y después no supe más hasta que llamó por teléfono para vernos en la calle La florida. Yo seguía pensando que esto era totalmente una locura, pero comenzaba a amar nuestra locura. Llegué a nuestro punto de encuentro a la hora acordada y a lo lejos la vi un poco apurada, pero emocionada. Comenzamos a caminar por aquella ciudad que apenas comenzaba a conocer, escuchaba el acento marcado de los porteños y mis ojos estaban maravillados ante esos nuevos lugares. Tomamos fotos como si nos pagaran por ello y no sé cuánto es que caminamos, pero en una sola tarde pude conocer lugares que llevo conmigo cargados de recuerdos muy hermosos.
Al día siguiente fuimos a Puerto Madero, buscando un lugar dónde festejar la llegada del año nuevo, conocí una heladería que me volvió loco, los helados más deliciosos que jamás haya probado en mi vida, y las fotos que tomamos no niegan el gran gusto que les tomé. Después de caminar tanto y sin saber dónde comprar los boletos para la cena, terminamos eligiendo un pequeño restaurante, no porque nos convenciera del todo, sino porque ya se estaban acabando los lugares y por miedo a quedarnos sin cena, compramos los boletos donde nos pareció oportuno.
Esa noche me encerré en el baño para terminar de arreglar el pequeño detalle que le había llevado a ella, en uno de mis viajes de trabajo, compré una pequeña cajita de madera y ahí metí una rosa en la que había mandado a imprimir una de nuestras fotos. Con esa rosa y después de tener la mejor cena de mi vida, recibiendo el año nuevo, le pregunté a ella que qué era lo que faltaba para ser novios y es desde entonces, que ella y yo estamos juntos.

Por Areli García Landa 

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